Seres proteicos: 1. Tuan Mac Carell

October 2, 2008

El Leabar Ghabala (Libro de las invasiones) cuenta la historia de los distintos pueblos que llegaron a la isla de Irlanda desde el principio de los tiempos.

Los primeros pobladores desembarcaron poco antes del diluvio y fueron tragados por las aguas. Más tarde llegaron otros pueblos; casi todos ellos desaparecieron sin dejar rastro, quedando desierta de nuevo la isla.

El problema que se plantea con este tipo de relatos es: si la isla quedó desierta, ¿quién contó la historia de esos pobladores extinguidos?

Otra versión de las sucesivas invasiones de la isla propone una solución al problema: la existencia de un testigo que sobrevive a todas las extinciones.

El primer manuscrito en el que se encuentra esta explicación es del año 1100 (The Book of The Dun Cow), pero la historia que contienen sus páginas se remonta al siglo VI, cuando san Finnen llegó a Irlanda y fundó un monasterio en Mag-bile, Ulster.

San Finnen quiso visitar un día a un rico guerrero que vivía cerca del monasterio, pero no le dejaron entrar en su fortaleza hasta que el monje recurrió “al medio que la ley irlandesa ponía a disposición de los débiles para conseguir que los fuertes cediesen ante su demanda”. Este medio era el ayuno.

Cuando el guerrero le recibió en su hogar, Finnen le preguntó quién era. El guerrero respondió:

“Soy originario del Ulster. Mi nombre es Tuan, hijo de Carell (en irlandés, Tuan mac Cairill); mi padre era hijo de Muredach Munderc. Este desierto lo he heredado de mi padre; pero hubo un tiempo en que me llamaban Tuan, hijo de Starn, hijo de Sera. Starn, mi padre, era hermano de Partolón.”

El monje Finnen debió quedar muy asombrado, porque Partoón es considerado uno de los primeros pobladores de Irlanda tras el diluvio. Finnen pidió a Tuan que les contase la historia de Irlanda. Entonces dijo Tuan:

“Partolón, hijo de Sera, vino a establecerse en Irlanda. Había sido desterrado; le acompañaban veinticuatro hombres, cada uno de los cuales venía con su mujer. Sus compañeros no eran particularmente inteligentes. Vivieron en Irlanda hasta que llegaron a sumar cinco mil de la misma raza. Entonces les atacó una enfermedad mortal y todos perdieron la vida en el término de una semana; sólo un hombre sobrevivió. Porque es sabido que nunca sobreviene una mortandad sin que de ella escape alguien para contarlo. Ese superviviente único fui yo.”

De este modo el relato soluciona aquel enigma de quién contó cómo llegó y cómo se extinguió la primera población de Irlanda. Durante el breve tiempo que Partolón y sus hombres permanecieron en Irlanda construyeron bastantes cosas, según se deduce por el relato de Tuan:

“Cuando me quedé solo fui de fortaleza en fortaleza, de roca en roca, para ponerme al abrigo del ataque de los lobos. Durante veintidós años no hubo en Irlanda más habitante que yo. Caí en la decrepitud y llegué a una vejez extrema. Vivía en las rocas desiertas pero ya no podía correr, y las cavernas me servían de asilo.”

Fue entonces cuando desembarcaron en Irlanda los hombres de Nemed, hijo de Agnoman, que era tío del propio Tuan Mac Carell, aunque ese parentesco no pareció darle mucha confianza:

  “Lo vi desde lo alto de las rocas y me las ingenié para no ser descubierto. Mis cabellos y uñas eran largos; estaba decrépito, gris, desnudo, sumido en la miseria y el sufrimiento.

Tuan Mc Carell

 

Sin embargo, los problemas de Tuan se solucionaron de una manera asombrosa:

“Una noche me dormí y por la mañana desperté con una forma diferente: me había transformado en un ciervo. Había vuelto a encontrar mi juventud la alegría de mi espíritu, y canté versos sobre la llegada de Nemed y de su raza, así como sobre la metamorfosis que yo mismo acababa de sufrir.”

Si antes Tuan no hizo ningún intento de acercamiento a los recién llegados, convertido en ciervo, resultaba mucho más peligroso:

“Eran poderosos guerreros que hubieran podido herirme cruelmente en el combate; pero sobre mi cabeza lucían dos cuernos armados de sesenta puntas.”

Convertido en el jefe de los ciervos de Irlanda, Tuan vivió hasta que los descendientes de Nemed llegaron a ser “cuatro mil treinta hombres y cuatro mil treinta mujeres”, momento en el que también murieron todos. Ahora Tuan era un viejo ciervo, cada vez más débil, pero entonces:

“Cuando estaba en la puerta de mi caverna -guardo clara memoria de ello-, la forma de mi cuerpo cambió y fui transformado en jabalí.”

Tuan decidió celebrar en verso su nueva metamorfosis

“Hoy soy jabalí… soy rey, soy fuerte, venceré.
Hubo un tiempo en que formé parte de la asamblea que rehabilitó a Partolón.
¡Cuán agradable era el canto de mi brillante sentencia! 
Agradó a las jóvenes, que, por cierto, eran muy bonitas. 
Mi canto era a la vez bello y majestuoso. 
Mi voz producía sonidos graves y dulces… 
Mi paso era rápido y seguro en los combates. 
Tenía un rostro encantador… 
Y héme hoy aquí convertido en un negro jabalí”.

A pesar de recordar con nostalgia su tiempo como hombre, Tuan enseguida se consoló al recobrar las fuerzas de la juventud, y se convirtió en rey de los rebaños de jabalíes de Irlanda. Ahora se había dado cuenta de que siempre que llegaba la vejez debía acercarse a su antigua casa del Ulster. También debía observar tres días de ayuno antes de la transformación. En diferentes formas pudo presenciar la llegada a Irlanda de Semión hijo de Stariat, de quien descienden los Fir Domnann, los Fir Bolgy y los Galiuin. Sintiéndose de nuevo viejo, regresó a su antigua casa y se sometió al ayuno:

“Al cabo de esos tres días mis fuerzas se habían agotado totalmente. Entonces fui metamorfoseado en un gran buitre, o, para decirlo de otra manera, en una enorme águila de mar. Mi espíritu recobró su alegría. Otra vez fui capaz de todo: devine curioso y activo, recorría toda Irlanda y estaba al tanto de cuanto pasaba.

Para celebrar su alegría, Tuan cantó de nuevo:

“Hoy buitre, ayer era jabalí…
Dios, que me ama, me ha dado esta forma… 
Antes viví con una manada de cerdos salvajes. 
Hoy formo parte de una bandada de pájaros… 
Por una maravillosa decisión de la bondad divina 
respecto de mí y de la raza de Nemed, 
he aquí que esta raza está sometida a la voluntad de los demonios 
y yo, en cambio, vivo en la compañía de Dios.

Convertido en águila, Tuan vio llegar a Irlanda a Beothach, hijo de Iarbonel el profeta, de quien descienden los Tuatha De Danaan, un misterioso pueblo de dioses que dominó Irlanda, tan sabios que “es probable que el cielo haya constituido el punto de partida de su viaje: sólo así se explican su ciencia y la superioridad de su instrucción.”

Todavía era un buitre Tuan cuando llegó la última raza colonizadora, la de los hijos de Mil, quizá los milesios, que se decía habían llegado desde Grecia a través de Galicia, y que vencieron a los propios dioses, a los Tuatha De Danaan.

Antes de su siguiente metamorfosis, Tuan ayunó nueve días, tras los que se despertó convertido en salmón. Sin embargo, los buenos tiempos de Tuan se estaban acabando. la vida como salmón resultaba muy dura, porque le perseguían los pescadores, las aves y otros peces.

Uno de esos pescadores me atrapo y me llevó a la mujer de Carell, rey de este país. Lo recuerdo muy bien. El hombre me puso en la parrilla y desperté el apetito de la mujer, que me comió entero, de tal suerte que me encontré en su vientre.”

Este podría haber sido el final definitivo de Tuan, pero como sabemos que está hablando con el monje Finnen, algún asombro m´sa nos depara la historia:

“Recuerdo el tiempo que pasé en el vientre de la mujer de Carell, las conversaciones sostenidas en la casa y los acontecimientos que por entonces sucedieron en Irlanda.”

Tuan, por supuesto, fecundó de alguna manera a la mujer y nació como niño humano, al que llamaron Tuan Mc Carell, puesto que era hijo de Carell.

Mac procede de maqos, hijo; es muy frecuente que los héroes irlandeses se llamen Mac, aunque actualmente solemos pensar que es un termino escocés; los escoceses fueron conquistados por los escotos, de ahí que empleen el macy que su propia tierra se llame en cierto modo Irlanda (los escotos procedían de Irlanda).

Puesto que había presenciado todo lo sucedido en Irlanda desde los tiempos de Partolón, Tuan fue considerado un profeta. Casualmente todo ello sucedió ya en época de la cristiandad:

“Eso sucedió inmediatamente después de que San Patricio trajera la fe a Irlanda. Hubo muchas conversaciones, me bautizaron, y creí en el creador del mundo, grande y único rey de toda la creación.”

Esta es la historia de Tuan y sus metamorfosis.

Al parecer, se trata de una leyenda pagana que después se quiso prolongar hasta la llegada del cristianismo a Irlanda. Lo que supuso la consiguiente prolongación de la vida de Tuan. Para probarlo, D’Arbois de Jubainville calcula la duración de la vida de Tuan:

Primera vez como hombre 100 años
  Como ciervo 80 años
  Como jabalí 20 años
  Como águila 100 años
  Como pez 20 años

Lo que son 320, a los que hay que añadir los que vivió por segunda vez como hombre. Si hemos de llegar hasta San Finnen (siglo VI), la vida de Tuan alcanzaría al menos los 1400 años.

(Publicado en Cambiante, diciembre 2007)

 


Los indoeuropeos y la mitología comparada

March 7, 2008

No hay ninguna certeza acerca del parentesco entre los diversos pueblos llamados indoeuropeos. Lo único cierto es que lenguas muy distantes entre sí comparten raíces comunes. Como si hubiese existido un gran imperio, a la manera del romano, del que se hubiesen desgajado diversos pueblos. Una lengua común, pero tal vez ningún parentesco.

¿Podemos decir que existe, por ejemplo, un gran parentesco entre los españoles y los rumanos aparte de compartir una lengua latina? ¿Es que los franceses dejaron de ser mayoritariamente descendientes de la población galo romana cuando adoptaron para su nación el nombre de una tribu germana, la de los francos?

A menudo la lengua, más que facilitar la compresión de los movimientos migratorios y la composición étnica, la dificulta, escondiendo semejanzas y diferencias. La tardía conquista de Inglaterra por los sajones y la posterior conquista danesa hizo que lo que hoy sería un pueblo latino por su lengua haya pasado a considerarse, si no germánico, al menos sí anglosajón, a pesar de que cerca del 40% de su vocabulario es de origen latino. Otras veces, el que dos pueblos hablen una misma lengua puede esconder diferencias mayores, como en el caso de pueblos con gran componente indígena de la América latina, que se consideran pueblos latinos y más cercanos a España que los alemanes o los marroquíes, lo que quizá sea una incongruencia, sobre todo si nos referimos a indígenas aimaras o mayas.

En el caso de los indoeuropeos, no conocemos ese origen del que derivan sus lenguas, aunque se han hecho muchos intentos de reconstrucción. No sabemos si se trataba de una gran civilización o de un pueblo nómada, que se fragmentó y distribuyo por todo el mundo. Si los actuales pueblos indoeuropeos hubieran pertenecido a un imperio semejante al romano, un descubrimiento de tal naturaleza provocaría un asombro tal vez no igualado por ningún otro descubrimiento arqueológico.

Lo que sí sabemos es que entre las lenguas indoeuropeas se incluyen, las lenguas latinas, el griego, las lenguas celtas, las germanas, la de los hititas,el armenio, el sanscrito y otras lenguas de la india, decenas de lenguas iranias y la de los antiguos medos (que tal vez eran los actuales kurdos). Una enumeración asombrosa, sin duda.

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Los principales pueblos indoeuropeos y su posible origen (en rojo)

Se conserva también mucho de la literatura original de estos pueblos y muchos antiguos mitos. En ellos se han encontrado semejanzas importantes, que no pueden atribuirse a la casualidad, como que en la India haya un dios cósmico llamado Varuna muy sejante al Ouranos griego, que los dioses de la guerra se llamen en la India Maruts, el dios griego Ares y el romano Mars/Marte. Que el Zeus griego tenga un equivalente indio llamado Dyaus Pitar y uno latino llamado Deus Pater.

La mitología comparada tiene en los pueblos indoeuropeos un campo de estudio apasionante, aunque no dudo que algo semejante se podría decir de los pueblos semitas, aunque tal vez la unificación bajo el Islam no ha permitido conservar muchas de esas tradiciones. La mitología comparada es más un arte que una ciencia, aunque se ayuda por la ciencia de la lingüística y la filología, así como por la arqueología y la historia. Pero sus practicantes se asemejan a menudo a detectives que intentan reconstruir piezas rotas, o un puzzle del que apenas quedan unas cuantas piezas. La comprobación de las hipótesis es difícil, porque no hay manera de ponerlas a prueba en experimentos decisivos. La mayor verosimilitud se consigue al construir un edificio coherente, en el que pequeños detalles son interpretados o reinterpretados, mostrando un nexo al principio sorprendente, pero que paso a paso va demostrándose más y más plausible. Naturalmente, puede darse el caso de que un descubrimiento arqueológico confirme alguna de estas teorías, pero, casi todas ellas deben su prestigio a la elocuencia de sus defensores y al consenso más o menos amplio y más o menos cambiante de los expertos en la materia.

El filósofo Bertrand Russell decía que a menudo pensaba que la filosofía era una rama de la literatura. Georges Dumézil, que fue el mayor experto en mitología comparada relacionada con los indoeuropeos, admitía que, como suele suceder a menudo en este campo, sus teorías podrían ser en el futuro refutadas por mejores investigadores, y todos sus descubrimientos negados y considerados mera fantasía. En ese caso, dijo, tampoco pasaría nada grave: bastaría con cambiar sus sus libros de estante, quitarlos del de la ciencia y ponerlos en el de la literatura.


Las invasiones afortunadas

February 14, 2008

La invasión de las islas británicas por Roma fue un triunfo a medias o una derrota parcial. Los romanos lograron asentarse en las islas pero no dominarlas, y nunca se decidieron a invadir Irlanda.

A ello debemos el que se haya conservado una de las más interesantes literaturas, y casi el único resto de una cultura, la celta, que dominó casi toda Europa y que llegaba hasta Turquía.

Otra invasión, la del rey Harald de los cabellos dorados, está en el origen de otra gran literatura que quizá ni siquiera se habría escrito si los nobles noruegos no se hubiesen hecho a la mar con tal de no someterse al nuevo rey del norte. Los nobles rebeldes llegaron a Islandia y allí, en un aislamiento semejante al de Irlanda, escribieron las incomparables sagas y eddas, que son también casi lo único que queda de la antigua cultura germánica.

Aunque podemos lamentarnos por lo que se ha perdido, e imaginar qué maravillas podríamos haber disfrutado si celtas y germanos hubiesen tenido la oportunidad de trasmitir su cultura, una mirada atenta tal vez nos revelaría que esas literaturas prodigiosas no son el resto que sobrevivió a las invasiones, sino su consecuencia. Sin las invasiones tal vez no habría habido literatura celta o germana.

Los germanos, por cierto, tuvieron la oportunidad de trasmitir su cultura cuando se apoderaron de todo el imperio romano de Occidente. Sin embargo, apenas dejaron nada, excepto algunas referencias que se pueden rastrear en monjes ya cristianizados como Beda el venerable o Saxo Gramático. (y la excepción, tardíamente encontrada, de El cantar de los Nibelungos, que es una de las pocas muestras literarias germanas que no fue escrita en Islandia).

El aislamiento de Irlanda le permitió desarrollar una cultura propia, que tal vez no tenía demasiada relación con lo que había sido la cultura de los celtas o de los germanos continentales, ya fueran galos, belgas, del norte de Italia o celtíberos. Tal vez sucedió algo parecido con Islandia.


El origen de los indoeuropeos

February 13, 2008

Los celtas son, como los germanos, los latinos, los eslavos, los griegos, los hititas, los kurdos, los armenios, los persas o los indios de los Vedas, pueblos indoeuropeos.

Eso no significa que entre ellos exista un parentesco racial, porque lo único seguro es que estos pueblos hablan lenguas que tienen un origen común. Se les ha llamado “indoeuropeos” porque uno de sus extremos está en India y el otro en Europa, aunque lo cierto es que se trata de un neologismo que mezcla una nación con un continente. Otros han propuesto fórmulas como indogermanos o indoislandeses, si consideramos que el pueblo más lejano de la India es el islandés. También se ha dicho: indoceltas o indoirlandeses. Otras propuestas son quizá más razonables, pero tienen el inconveniente de cierta desagradable reverberación política: arios o indoarios. Puesto que arios son todos los pueblos iranios (Iran significa “país de los arios”), como los kurdos, los persas, los medos, los armenios e incluso muchos pueblos escitas, como los osetas y los alanos.

La denominación “indoeuropeo” tiene el inconveniente de olvidar a los arios, que son uno de los tres grupos principales, pero también es cierto que indoario parece dejar de lado a todos los pueblos que se agrupan bajo la denominación euro (eslavos, germanos, latinos, griegos, celtas…). ¿Podemos sugerir euroarios, puesto que los autores de los Vedas indios eran también arios?

En cuanto al origen de los indoeuropeos y la explicación de por qué su lengua procede de una lengua anterior, las teorías se multiplican.

Se supone que los diversos pueblos indoeuropeos fueron en su origen una población nómada que se dispersó de manera asombrosa, llegando desde las islas británicas hasta los confines de la India. O tal vez, y esa sería una posibilidad asombrosa, su origen deba buscarse en un gran imperio como el romano, de cuya crisis y decadencia surgieron decenas de pueblos hasta entonces unificados bajo una lengua común.

Podemos imaginar que la gran batalla de Kurukshetra que se cuenta en el Mahabarata y que enfrentó a los Kauravas y los Pandavas pudiera ser el origen de algunas migraciones indoeuropeas, pero tal vez ya hubo otras anteriores, pues algunos fechan esta terrible batalla, en la que se dice que participaron millones de hombres, hacia el -800. Lo que daría una interesante relación con los movimientos de los pueblos del mar en el mediterráneo y el cercano oriente, si es que a la cronología tradicional se le pueden restar doscientos o trescientos años. No hay que olvidar, por ejemplo, que los textos homéricos se sitúan hacia esos años. Pero otros sitúan la célebre batalla hacia el -1400 o hacia el -2000 (¡incluso en el -3000 o el -5000!) Todas estas fechas son interesantes para el aficionado a la historia, la mitología y las religiones.

Pero todas estas cronologías pertenecen más que a la historia a la literatura fantástica, y es difícil confirmarlas o refutarlas, a no ser que se produzcan increíbles descubrimientos.

Entre los diversos pueblos indoeuropeos existen algunas semejanzas que asombraron a los estudiosos cuando en el siglo XIX descubrieron que el antiguo sanscrito, en el que están escritos los Vedas y los Upanisads de la India estaban escritos en una lengua emparentada con el latín, el griego, las lenguas eslavas o las germanas.

Existen muchas semejanzas asombrosas en las mitologías indoeuropeas. Algunas de las que nos llaman la atención son que en Grecia haya un dios cósmico llamado Urano (el cielo) y en la India un dios de similares características llamado Varuna. Que el Zeus griego sea el Deus Pater (dios padre) o el Iu-Piter/Júpiter latino , pero también el indio Dyaus Pitar. Que los dioses de la guerra indios se llamen Maruts y que el Ares griego o Marte (mars) romano se acompañado por dos gemelos, Fobos y Deimos, que recuerdan a esa pareja belicosa india. Mediante esta y otras coincidencias, se podría llegar a reconstruir, y se ha intentado varias veces, una primitiva mitología indoeuropea.

Posiblemente el que más ha avanzado por ese camino haya sido Georges Dumezil, que elaboró la teoría de las tres funciones comunes a los diversos pueblos indoeuropeos, mostrando semejanzas asombrosas, por ejemplo, entre Roma y la India, una de las más curiosas que los sacerdotes romanos Flamines podrían ser ni más ni menos que los brahmines de la India.


“Excalibur”, entre las leyes del mito y las del guión

February 10, 2008

El guionista William Goldman considera que el desenlace de la película Excalibur es uno de los peores que conoce:

“Ejemplo de un final mal pensado: Excalibur.
La película es la historia de una leyenda del ciclo artúrico y Excalibur, claro está, es la espada mágica de Arturo.
Bueno pues ya estamos en los minutos finales y Arturo está mortal­mente herido. Yace ensangrentado mientras un caballero, Perceval, se arrodilla junto a él. Arturo le dice que coja Excalib ur, busque una super­ficie de agua en calma y lance en ella la espada. Perceval no quiere hacerlo. Arturo dice: “Hazlo”.
Así pues, Perceval se va. Cabalga un poco y encuentra un precioso lago o algo por el estilo, se acerca con Excalibur en la mano, la levanta para tirarla y no puede hacerlo. Vernos el rostro de Perceval y su sufrimiento. Tiene que cumplir una orden.
Arturo todavía no se ha muerto. “¿Qué tal?”, le pregunta. Perceval dice que no ha podido hacerlo. Arturo dice que tiene que hacerlo, porque algún día, cuando haya un rey digno de serlo, Excalibur surgirá de nuevo de las aguas para ser su espada. Otra vez Perceval que se monta en su caballo. Otra vez el precioso laguito o lo que sea. Duda, finalmente hace lo que le han dicho que haga y la espada mágicamente desaparece bajo la superficie. Ahora vuelve junto a Arturo, sólo que éste ya se ha muerto y se ha ido y flota ahora místicamente en el mar en una especie de barco. En ese momento empiezan a aparecer los títulos de crédito.

¿Qué es lo que está tan mal?, se pregunta Goldman. Y enseguida responde:    

“Lo que está mal es la primera ida y venida de Perceval, por no poder cumplir las órdenes y eso estropea enormemente el final de la película.
Allí estaba yo sentado, hartito ya de la película, precisamente cuando más interesante e involucrado debía estar: Dios mío, el Rey Arturo se está muriendo.
Y todo eso no hacía ninguna falta. Perceval podía haberle dicho a Arturo sus objeciones y Arturo podía haberle explicado que algún rey en el futuro pasaría por allí y la espada le estaría esperando, pero la primera vez. La primera ida y vuelta al laguito —que no ocupa mucho más de un minuto de tiempo de pantalla— me parece irritante y lo estropea todo.”

Podemos ver ese desenlace…

En opinión de Goldman este final rompe con todas las leyes del relato fílmico:

“Creo saber por qué incluyeron esa escena. Excalibur es un producto de mucho valor e incluso si un rey agonizante da una orden, el noble Perceval no puede cumplirla. En otras palabras, los creadores de la película querían resaltar la espada.

Pero estamos en el final. Y si no hemos podido dejar claro en dos horas que Excalibur no es el arma de diario es que hay algo que no marcha.

Esta misma secuencia podía haber funcionado perfectamente al prin­cipio de la película. En ese momento, la desobediencia de Perceval nos hubiera dicho algo que no sabíamos aún: Excalibur es la espada más valiosa del mundo. Pero decirnos algo que ya sabemos al final de la película es mortal de necesidad.

El tiempo fílmico es la cosa más misteriosa del mundo: la misma escena debe escribirse de manera diferente dependiendo de su situación dentro de la narrativa, al principio, en medio o al final. Porque cuanta más información tiene el público, menos información hace falta darle. Y el poner las cosas cuando y donde sea necesario es uno de los com­ponentes básicos de la narrativa de talento.”

Tal vez Goldman tanga razón, desde el punto de vista de las leyes del guión, pero en defensa de Boorman hay que decir que el desenlace de su película es fiel a las leyes del mito, al menos a la leyenda de Arturo y a la misteriosa relación entre el rey y su espada.

Tal como lo cuenta Joël Grisward:

“Al anochecer de la batalla de Salesbières, sólo tres personajes siguen en pie: Lucan el Botellero, Girflet [Perceval en la película], y Artur mortalmente herido. Se alejan juntos del lugar de la carnicería y, a caballo, se dirigen derechos al mar. Después de una noche de oraciones en la Negra Capilla, Artur, con un formidable apretón, asfixia a su copero. Desesperado, el viejo rey vuelve apartir en compañía de Girflet; a mediodía llegan al mar. Allí Artur ordena a su compañero fiel que vaya a arrojar su espada Escalibor en el lago situado sobre una elevación a poca distancia. Por dos veces Girflet se ingenia para engañar a su señor: tira primero al agua su propia espada, luego la vaina de Escalibor. El rey, depositario de un misterioso secreto, no se deja engañar. Girflet se ve obligado a obedecer: ve entonces una mano que sale del lago, se apodera de Escalibor, la blande tres o cuatro veces y desaparece. Al oír el relato de Girflet, Artur comprende que su muerte esta cerca.”

 

Bedivere lanzando la m�tica espada al agua. Ilustración de 1894.
Geifert, Bedivere o Perceval en el momento
de lanzar la espada al mar

El tema mítico de la espada de Arturo es uno de los más interesantes y no sólo pertenece al mítico celta o medieval de la leyenda de Arturo, sino que se repite de manera asombrosa en otro pueblo indoeuropeo, el de los osetas, que son los descendientes de los escitas de la antigüedad grecolatina, de los que ya nos hablara Herodoto.

Grisward considera que el mito de un héroe oseta llamado Batraz no sólo coincide sino que explica el tema mítico de la espada en el lago:

“Ciertos elementos del relato han sido aclarados poco a poco, pero al parecer el suntuoso motivo de la espada arrojada al lago ha resistido hasta el presente cualquier intento de elucidación”.

Para demostrarlo. compara la clásica Mort Artur (Muerte de Arturo) con la Mort Batraz. Estamos en el momento en el que Batraz comunica a los Nartos su próxima muerte:

“Pero no podré morir en tanto que mi espada no haya sido arrojada al mar: así lo ha decidido el destino.” Los Nartos cayeron en una nueva desolación: ¿Cómo lanzar al mar la espada de Batraz? Resolvieron engañar al héroe, hacerle creer que su espada era tirada la mar y que le había llegado la hora de morir. Se acercaron pues al enfermo y le juraron que la condición del destino estaba cumplida. “¿Qué prodigios habéis visto cuando cayó mi espada al mar?” les preguntó. “Ninguno”, le respondieron los Nartos con embarazo. “Entonces es que mi espada no ha sido arrojada al mar; de otra manera, habríais visto prodigios”. Los Nartos tuvieron que resignarse. Desplegaron todas sus fuerzas, engancharon varios millares de animales. Por último, consiguieron arrastrar la espada de Batraz hasta la costa y la lanzaron al mar. En el acto se alzaron olas y huracanes, el mar hirvió y luego se puso color de sangre. Los Nartos cayeron en un asombro y un gozo sin límites. Corrieron a anunciarle a Batraz lo que habían visto. Convencido, exhaló el último suspiro.”

Como se ve, la vida de Batraz esta ligada a su espada, del mismo modo que la de Arturo:

“A la luz de este relato, la escena final de la Mort Artu adquiere una singular dimensión. Estamos en presencia del mismo esquema mítico y basta la lectura para persuadirnos de ello (…) Cuando Girflet, habiéndose al fin decidido arrojar la espada al lago, vuelve a contarle a Artur lo que ha visto, éste comenta que ya se figuraba que su fin estaba myuy cerca “…ce pensoie ge bien que ma fins aprouchoit durement”. A su presciencia de los prodigios (“pues sin gran maravilla no será perdida”; “car sanz grant merveille ne sera ele pas perdue”, el rey agrega en adelante la certeza de su muerte próxima.”

Grisward recuerda la teoría de Dumézil acerca de que Batraz sea un dios-espada y duda si se podría decir los mismo de Arturo. No está seguro de que se deba dar ese paso, pero si considera evidente esa solidaridad en la vida y en la muerte de Arturo y su espada.

Hay que tener en cuenta que Arturo, el rey Arturo, llega precisamente a ser quien es cuando extrae la espada de la roca, algo que sólo puede hacer él: es la espada quien le llama por primera vez para cumplur su destino.

Grisward concluye:

“…Sin duda el hábil narrador que es el romanticista de la Mort Artu ha enmascarado el sentido primitivo del mito (Artur sólo puede morir después de que Escalibor haya sido arrojada al agua) pero era suficientemente sensible a su belleza como para desear conservar el esquema, así fuera la precio de algunas imperfecciones.”

En definitiva, el autor de Mort Artu decidió ser fiel, como Boorman, a las leyes del mito, antes que a las leyes del relato medieval del ciclo artúrico, precedente de las novelas de caballerías.

Algunas consideraciones finales

Las leyendas de Arturo y Batraz están llenas de pequeños detalles interesantísimos, y su comparación resulta muy estimulante. Podemos observar con cierto asombro que en el mito de Batraz los Nartos necesitan miles de caballos para lograr mover la espada. Parece expresarse aquí claramente el motivo de esa solidaridad entre la espada y el héroe, que también aparece en Arturo, pero desplazada al origen de la leyenda, cuando Arturo es apenas un niño y logra sacar de la roca la espada, espada que hombres fortísimos ni siquiera han podido mover.

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Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en el relato artúrico, la espada que Arturo extrae de la roca no es Excalibur, pues esta Excalibur le es entregada posteriormente por la dama del lago. Sin embargo, en todos los mitos se producen desplazamientos y confusiones

 

Por otra parte, la muerte de Arturo, como es bien sabido, también sufre una adaptación evidente al esquema cristiano medieval. Ya sabemos que precisamente la búsqueda del Grial que aparece en los relatos artúricos servirá para justificar las Cruzadas. El Grial se supone que contenía la sangre de Cristo, y la asociación entre la figura de Arturo y Cristo es evidente. Un detalle curioso e ingenioso en la película de Boorman, y que sin duda es premeditado, se puede observar cuando Arturo yace en brazos de Perceval y el sol rojo del ocaso se convierte en un halo como el de un santo alrededor de la cabeza de Arturo.

Referencias:

Dumézil, Georges: “Batraz y Cuchulain” (en Escitas y osetas)

Goldman, Willian: Aventuras de un guionista en Hollywood

(Publicado en Cambiante, diciembre 2007)