¿Un nuevo mito futurista?

A las ocho y media de la mañana de ayer (25 de noviembre de 2009), en muchas páginas de Internet apareció un pequeño recuadro:


Nadie sabía que significaba ni quiénes eran sus autores.

Pocas horas después, la imagen se convirtió en un enlace: pinchando en ella podías acceder a otra página.

Este es el enlace a esa página:

http://www.antologosdelaarqueored.com/

Es una página bastante extraña, que parece la pantalla de un antiguo ordemador y, al mismo tiempo tiene algo de futurista:

?ui=2&view=att&th=1252b2937d4a1ac9&attid=0.1&disp=attd&realattid=ii_1252b2937d4a1ac9&zw
Si, una vez allí, tecleas HELP, te aparecerá una lista de COMANDOS que puedes escribir de nuevo (o incluso pinchar con el ratón), de manera que aparece más información, e incluso un enigma con una pregunta verdaderamente extraña:
Marshall McLuhan dijo que los medios son extensiones del ser humano. Pero ¿cuándo escribió este texto?:

“El hombre ya posee muchos miembros extracorporales ( …) Lleva su memoria en un cuaderno de bolsillo”

  • En 1872
  • En 1972
  • En 2072

La respuesta parece obvia, pero tal vez no lo sea.

Además, al parecer hay comandos ocultos en esa página, pero…

 

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Proteo (seres proteicos)

serEs pRotEicos

Con Proteo, personaje de la mitología griega, se debe iniciar esta sección que lleva su nombre. También podía haberse llamado Las Metamorfosis, pero el asunto que me interesa es más limitado que el que ocupó a Ovidio, lo que es una suerte.

En la mitología, y especialmente en la griega, se pueden encontrar decenas de personajes que se transforman en plantas, animales, estrellas o cualquier otra cosa imaginable. Pero en Seres proteicos sólo me quiero ocupar de aquellos que tienen el poder de trasformarse continuamente. Es decir, que en cierto modo, su naturaleza consiste en esta facultad cambiante. Por ello, no se hablará de aquellos personajes que se transforman en animales, constelaciones o flores como escarmiento, premio o símbolo de su destino.

PROTEO

Proteo es un mítico rey de Faros, una pequeña isla junto al Delta del Nilo, que sin embargo contaba con el mayor puerto de la Europa de la Edad de Bronce. Mítico no significa necesariamente imaginario.

Era tan sabio que conocía la respuesta a cualquier pregunta. Pero también era muy testarudo y se negaba a compartir su sabiduría. La única manera de conseguir su colaboración era atraparle y no soltarle hasta que diese la respuesta pedida. Lamentablemente, esa no era tarea fácil, pues Proteo tenía el poder asombroso de cambiar de forma continuamente.

Muchos héroes se propusieron atrapar a Proteo para que respondiese a sus preguntas. Aristeo, según cuenta Virgilio, quiso que le dijera por qué habían muerto sus abejas melíferas. Fue Cirene, prima de Proteo, quien recomendó a Aristeo atase al dios marino para obligarle a responder. Así lo hizo Aristeo y, sorprendiendo a Proteo mientras dormía la siesta, logró atraparlo a pesar de su transformaciones. Pero Graves opina que la presencia de Proteo en la historia de Aristeo es un ejemplo del empleo irresponsable del mito por parte de Virgilio.

Para Graves, Proteo es otro nombre de Nereo, el anciano del mar. Se le representa en la pintura de un ánfora primitiva con la cola de pez y un león, un ciervo y una víbora saliendo de su cuerpo.

Según Graves, las transformaciones de Proteo en La Odisea indican las estaciones a través de las cuales el rey sagrado iba del nacimiento a la muerte.

Por otra parte, y dejando a un lado todas estas interpretaciones, en la Antigüedad se contaba un curiosa variante de una leyenda conocida: Helena, la esposa de Menelao y causa de la guerra de Troya, no fue raptada por Paris sino que éste se llevó una Helena fantasma, quedando la verdadera Helena en Egipto o Faros con el rey Proteo.

En Odisea IV 351, Menelao cuenta a Telémaco, hijo de Ulises, su encuentro con el anciano del océano cuando regresaba de Troya a Esparta. Se hallaba entonces el caudillo aqueo en la isla de Faros, frente a Egipto, pero no podía hacerse a la mar por falta de viento.

Tras veinte días retenidos allí:

“cierta deidad apiadada buscó mi remedio. Fue la hija del Viejo del Mar, el insigne Proteo, la que llaman Idótea”

Menelao sospecha que algún dios quiere impedir que sus naves prosigan el viaje, pero ignora de qué deidad se trata y cuál es el motivo de su ira. Entonces Idótea le dice:

“Suele andar por aquí cierto anciano del mar, infalible, el egipcio Proteo, inmortal que conoce los fondos del océano sin fin; Posidón por vasallo lo tiene y es el padre que a mí me engendró” .

Y añade:
“Si fueras tú capaz de cogerlo en celada y rendirlo a tu arbitrio, de tu ruta te habría de decir si será corta o larga y en qué modo podrás regresar sobre el mar rico en peces.
Asimismo, ¡oh retoño de Zeus!, sabrás, si lo inquieres, tanto el bien como el mal ocurrido en tus casas al tiempo que tú andabas ausente en la larga y penosa jornada”

Después, Idótea le explica a Menelao cómo puede atrapar a su escurridizo padre:

“Una vez que le viereis dormido, llegada es la hora: en alerta poned vuestra fuerza y vigor, sujetadle aunque más se resista y procure escaparse tomando mil figuras diversas. Vereislo cambiado de pronto en reptil que se arrastra en el suelo, después convertido ya en hoguera violenta, ya en agua; vosotros seguidle sin cesar estrechando, apretad cada vez con mas brío; mas, después que él os hable con propias palabras y vuelva a tomar la figura en que estaba al dormirse, absteneos de mayores violencias, soltad al anciano y al punto, noble prócer, pregúntale tú qué deidad te persigue y en que modo podrás regresar sobre el mar rico en peces”.

Menelao y su hombres se ponen encima pieles de foca y se unen al rebaño que cuida Proteo:

“Por la siesta surgió de las aguas el viejo: a la vista de sus focas robustas se puso a contarlas pasando por mitad y empezó por nosotros, ajeno en su alma del engaño tramado, y al fin acostóse entre ellas. Dando gritos saltamos entonces los cuatro y las manos le lanzamos encima. No puso el anciano en olvido sus ardides: cambióse primero en león melenudo, en serpiente después, en leopardo y en cerdo gigante, luego de ello en corriente de agua y en árbol frondoso. Sin respiro apretábamos todos con ánimo entero y, rendido por fin el anciano perito en intrigas maliciosas, volviéndose a mí, preguntó de este modo: ‘¿Qué deidad te ha ayudado a tramar, oh retoño de Atreo, tal celada que así me has cogido? ¿Qué buscas con ello?'”

Rendido ya Proteo, Menelao le pregunta varias cosas, a las que el cambiante dios responde obediente. Tras lo cual: “sumergiose en las olas marinas”. Aunque gracias a la ayuda de Proteo, Menelao puede regresar a su patria, no se dice que encontrase a la verdadera Helena junto a Proteo.

 

(publicado en Esklepsis nº3, julio de 1997)

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Felicidades!

¡Felicidades!

En este día en el que nació nuestro Señor y Redentor, y fue adorado por los pastores y calentado por un buey y una mula, y obsequiado con regalos por los magos de Oriente el día seis de enero y que después, siendo ya hombre, ayunó cuarenta días en el desierto y sufrió la pasión y que tiene el domingo como su día festivo, y ascendió a los cielos y se convirtió en la segunda persona de la Trinidad, en este día único, los mitraístas te deseamos todo lo mejor.

¡¡Salve a nuestro Señor Mitra que nació un 25 de diciembre!!

 (publicado el 25 de diciembre de 2005 en Il Saggiatore)

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Gilgamesh y Canetti

En el último viaje con tres amigos al sur, me llevé de nuevo el libro del primer viaje literario: la Epopeya de Gilgamesh.

En otro viaje encontré al cuervo de Gilgamesh (también el primer cuervo literario conocido y antepasado directo del cuervo de Noé) en Lisboa.

Siempre encuentro algo en Gilgamesh, porque casi todo empieza con él: el primer viaje, el primer cuervo, la primera amistad, la primera aventura de amor homosexual, la primera dicotomía entre naturaleza y civilización, la primera interpretación de sueños, la primera tentativa de escapar a la muerte, y tantas otras cosas que se hallan en Gilgamesh por la sencilla razón de que es también la primera narración conocida y, en cierto sentido, aunque esté escrito en verso, la primera novela.

Esta vez he leído pocas páginas de la nueva versión, editada por Trotta, pero nada más regresar a Madrid he encontrado esta (para mí) asombrosa coincidencia en la segunda parte de la biografía de Elías Canetti, La antorcha al oído:

canettiElias Canetti

“Descubrí el poema de Gilgamesh, obra que como ninguna otra ha influido en mi vida, en su sentido más íntimo, su fe, su energía y sus expectativas. El lamento de Gilgamesh por la muerte de su amigo Enkidu me conmovió profundamente:

“Por él he llorado día y noche,
No consentí que lo sepultaran,
por si mi amor despertaba a mi amigo.

Lo he llorado siete días con sus noches
Hasta que el gusano invadió su cara,
Desde que murió, no he vuelto a encontrar vida,
Y errante voy por la estepa, como un salteador

Luego viene su expedición contra la muerte, su peregrinación por las tinieblas de la Montaña Celestial y por las Aguas de la Muerte hasta que encuentra a su antepasado Utnapishtim, salvado del diluvio, a quien los dioses concedieron la inmortalidad. Por él quiere saber cómo se llega a la vida eterna. Es cierto que Gilgamesh fracasa y muere. Pero esto no hace más que corroborar en nosotros la necesidad de su expedición.
De este modo he podido sentir la incidencia de un mito en mi propia persona; como algo que durante el medio siglo transcurrido desde entonces he pensado y repensado de muchas maneras, dándole vueltas de un lado a otro en mi interior, pero que ni una vez he puesto en duda. Capté como unidad algo que en mí ha continuado siéndolo. Me es imposible criticarlo. La cuestión de si creo o no en semejante historia, no me afecta; ¿cómo podría decidir frente a la sustancia más específica de la que estoy compuesto, si creo en ella? Pues no se trata de repetir como un loro que, hasta la fecha todos los hombres han muerto, sino sólo de decidir si uno se resigna a aceptar la muerte o se rebela contra ella. Rebelándome contra la muerte he adquirido un derecho al brillo, riqueza, miseria y desesperación de cualquier experiencia. He vivido inmerso en esta rebelión infinita. Y si bien el dolor de los seres queridos que con el tiempo he ido perdiendo no es inferior al de Gilgamesh por su amigo Enkidu, tengo una ventaja única sobre el hombre-león: que me importa la vida de cada ser humano y no sólo la de mis seres más próximos.”

De esto que comparto con Canetti da fe mi página Utanapishti y también una frase de Joseph Glanwill que encontré en Ligeia de Poe y que he llevado conmigo desde hace años:

“El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad”.

Por cierto, en una de mis antiguas páginas web, había un mapa con los enlaces:

mapa

Ese mapa es el de dos ríos. Son el Tigris y el Eúfrates, que es por donde vivió Gilgamesh (en Uruk, que, dicen, ha sido descubierta hace poco). Pero el mapa está puesto del revés y por eso no resulta tan reconocible.

 

(Publicado en Il Saggiatore 13 diciembre 2005)

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Mitología comparada

La mitología comparada es tal vez el asunto más interesante del mundo, en el que uno puede perder, o ganar, horas y horas de su vida. 

A mí me ha interesado mucho la mitología desde que en la adolescencia me pasaba las noches elaborando cuadros genealógicos o panteones de dioses, en los que llegué a juntar más de 500 dioses diferentes, en un entrecruzamiento de flechas y familias que al final siempre resultaba incomprensible.

Como es un tema tan absorbente, desde hace muchos años lo mantengo apartado, porque temo que su canto puede ser tan atractivo como el de las sirenas mitológicas.

Hace unos días mi amigo Marcos vino a remover un poco este interés dormido y ahora dudo entre dejarme seducir de nuevo o no.

Casi nunca he hablado en mis páginas web de mitología, ausencia asombrosa que empezaré a remediar con prudencia. Empezaré por publicar en esta página algunos viejos textos y quizá inicie alguna nueva investigación.

La mitología comparada, por cierto, está llena de prodigiosas teorías que, con el pasar de los años, son rechazadas y olvidadas, así que, manteniéndome en la línea prudente de autores como W.C.Guthrie, intentaré no avanzar demasiadas hipótesis arriesgadas y mantenerme más bien en el terreno de la comparación fenomenológica, es decir, de la descripción de los fenómenos o ejemplos míticos semejantes.

(Publicado en Cambiante, diciembre 2007) 

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La epopeya de Gilgamesh

gilgamesh

Gilgamesh y el toro celeste por Ana Aranda

La epopeya de Gilgamesh es mi libro favorito de todos los tiempos, creo. Ya he dicho alguna vez que lo bueno que tiene este libro tan antiguo es que siempre es nuevo, porque poco a poco se van descrifrando nuevos fragmentos arqueológicos y el relato se va completando. No sé si algún día estará del todo completo, pues todavía quedan bastantes lagunas.

La última versión que leí fue la de Jean Bottero, en 1999, cuando viajé con Luis y Marcos a Lisboa. Mañana inicio otro viaje con rumbo y destino desconocido con Marcos, Luis, Rafael, Bacti… y Gilgamesh, en una reciente versión que he guardado hasta este momento. En aquella ocasión descubrí muchos cuervos en Gilgamesh y en Lisboa, ¿qué descubriremos en este viaje? Ya se verá.

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El álbum de Pandora

Pandora 

Leí algo acerca de los álbumes de Pandora en un libro que tenía que corregir para la editorial Mondadori. Se trataba de un estudio sobre Rembrandt, si no me equivoco. Se decía que en la época era frecuente tener un Álbum de Pandora, es decir, un libro con hojas en blanco.

   El libro se iba llenando con dibujos o regalos: una flor seca que han besado los labios del amante, una cinta de tela con la que ella ataba su cabello.

  Una de las cosas que solía haber en un Libro de Pandora era un cuestionario, que una vez rellenó Proust en el Álbum de Pandora de una amiga y desde entonces se llama Cuestionario de Proust, pero de eso hablaré otro día.

  Tal vez en el libro que corregí se explicaba que Rembrandt tenía un Libro de Pandora en el que dibujaban sus amigos pintores, o tal vez, al contrario, que algunos de sus dibujos se han conservado en los libros de los que fueron sus amigos. No me acuerdo.

   Es fácil darse cuenta que el Álbum de Pandora es una versión amable de la célebre leyenda de la caja de Pandora de la mitología griega, que aprovecho para recordar ahora.

   El titán Prometeo había robado a Zeus el fuego y se lo había entregado a los hombres.

  Además, Prometeo había logrado capturar todos los males y los había encerrado en una vasija para que no acosasen a los seres humanos. Para vengarse, Zeus encargó a Hefesto, el herrero divino, que fabricase una mujer semejante a las diosas.

  Esta mujer fue llamada Pandora: Atenea la vistió, las Gracias la llenaron de joyas, las Horas la cubrieron de flores, Afrodita le dio su belleza y, por último Hermes le confirió la maldad y la falta de inteligencia. Lo que no sé es si con el don de Hermes se quiere significar que Pandora era malvada y tonta o que lo son todas las mujeres.

   Después de dar vida a la figura, Zeus envió a esta primera mujer como regalo a Epimeteo, hermano de Prometeo.

   Pese a los consejos de su hermano Prometeo, Epimeteo, que tampoco era muy listo, se casó con Pandora.

   Evidentemente, lo mismo sucede en el Génesis con Eva, la curiosidad de Pandora le llevó a abrir la vasija en la que Prometeo había encerrado todos los males, que se escaparon y se extendieron sobre la tierra. Sólo quedó dentro la esperanza, que con sus consejos falaces y sus pobres consuelos, impide a los hombres suicidarse.

   Pero hay otra versión, de un autor optimista, según la cual en la vasija había puesto Zeus los bienes, como presente a la humanidad. Al abrir la caja Pandora, los bienes escaparon hacia el Olimpo, excepto la esperanza.

   Todo lo anterior me sirve para explicar en qué consiste un álbum de Pandora: recuerdos de amigos, no necesariamente regalos.

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